La menopausia entre ciencia y mercado: el papel del médico ante la proliferación de productos sin evidencia
En los últimos años la menopausia ha dejado de ser un tema silencioso en la llamada “conversación social”. La mayor visibilidad mediática, el interés creciente en redes sociales y la aparición de múltiples espacios divulgativos han contribuido a situar en primer plano una etapa biológica que durante décadas permaneció relativamente ausente tanto del debate público como, en ocasiones, de la propia práctica clínica (entre otras razones, porque la supervivencia de la mujer no garantizaba su llegada hasta la menopausia hasta hace apenas un siglo…).
Este cambio cultural tiene, sin duda, aspectos positivos. Cada vez más mujeres desean comprender mejor los cambios que se producen en su organismo durante el climaterio y buscan información para afrontarlos con mayor conocimiento y autonomía. La menopausia se entiende hoy cada vez más, como una etapa natural de la vida de la mujer, y no como un proceso asociado a pérdida de identidad o de valor personal, como durante mucho tiempo se transmitió de forma implícita o explícita en determinados contextos sociales e incluso sanitarios.
Muchos profesionales recuerdan todavía frases que se escuchaban con relativa frecuencia en las consultas médicas (no solo ginecológicas) hace décadas: “doctor, es que ya no soy mujer”. Afortunadamente, esa visión distorsionada pertenece al pasado. La normalización del diálogo sobre el climaterio ha contribuido a desmontar este tipo de creencias y ha permitido que muchas mujeres afronten esta etapa con mayor conocimiento, mayor autonomía y una expectativa legítima de mantener una buena calidad de vida física, emocional y social. En otras palabras, de vivir su menopausia de forma saludable.
Sin embargo, este avance también ha tenido una consecuencia inesperada. Un espacio que pertenece al ámbito de la salud —y que debería estar liderado fundamentalmente por la ciencia y por los profesionales sanitarios— está siendo ocupado progresivamente por otros agentes que, aunque a menudo destacan por su capacidad de comunicación o su presencia en redes sociales, en muchos casos cuentan con una formación sanitaria limitada o inexistente.
El resultado es un entorno informativo donde los mensajes más visibles no siempre son los más rigurosos, desde un punto de vista científico. En lugar de apoyarse en la evidencia científica o en la experiencia clínica acumulada, muchas de estas narrativas se articulan alrededor de recomendaciones simplificadas, interpretaciones parciales de estudios o la promoción directa o indirecta de productos dirigidos a mujeres en perimenopausia y menopausia, que constituyen un mercado emergente con una fuerte demanda de muy diversos productos y soluciones.
Así, no es casualidad que la menopausia haya despertado también un creciente interés económico. En un contexto demográfico en el que se estima que más de 1.200 millones de mujeres en el mundo estarán en menopausia en 2030, diversos análisis de mercado situaron el valor global del sector de productos y servicios dirigidos a esta etapa en torno a 17.800 millones de dólares en 2024, con previsiones conservadoras de crecimiento anual cercanas al 5–6%, lo que podría situarlo por encima de los 24.000 millones de dólares a finales de la década1. Estas cifras permiten dimensionar el creciente interés de la industria por desarrollar y promocionar productos dirigidos específicamente a mujeres en esta trascendental etapa de sus vidas.
Cuando la información sobre salud se desplaza del conocimiento científico hacia la dinámica del mercado, se corre el riesgo no solo de la desinformación, sino también de la pérdida de criterio clínico en la toma de decisiones.
Este fenómeno se produce en un contexto clínico particularmente sensible. La menopausia representa una transición fisiológica asociada a la disminución progresiva de la función ovárica y a la reducción de los niveles de estrógenos. Aunque para muchas mujeres esta etapa transcurre con síntomas leves, se estima que entre un 20% y un 25% puede experimentar síntomas moderados o severos que afectan de manera significativa a su calidad de vida.
En este contexto, la combinación de incertidumbre, síntomas variables y abundancia de información no siempre rigurosa crea un terreno especialmente propicio para la aparición de soluciones aparentemente simples a problemas complejos, que no suelen funcionar clínicamente. Han proliferado así complementos alimenticios, preparados “naturales”, suplementos hormonales no regulados, combinaciones de vitaminas o minerales y una amplia gama de productos que prometen mejorar el bienestar durante la menopausia.
El problema no radica únicamente en la existencia de estos productos, sino seguramente en el modo en que se presentan a las pacientes. Con frecuencia se utilizan mensajes simplificados que sugieren que el bienestar durante la menopausia depende del consumo de determinados productos. En muchos casos, las afirmaciones utilizadas en la comunicación comercial no reflejan el grado real de evidencia científica disponible o se apoyan en interpretaciones parciales de estudios preliminares.
Así las cosas, el médico se enfrenta a una situación cada vez más frecuente en consulta. Muchas mujeres acuden tras haber recibido información no filtrada procedente de redes sociales, recomendaciones informales o contenidos divulgativos que promueven determinados suplementos o intervenciones como soluciones universales para los síntomas del climaterio, algunas de ellas incluso claramente infundadas. En otras ocasiones, la paciente puede haber iniciado por iniciativa propia el consumo de algunos de estos productos antes de consultar con un profesional sanitario.
Este tipo de escenarios exigen que el médico disponga no solo de conocimiento clínico actualizado, sino también de argumentos claros para contextualizar el valor real de estas “soluciones”. Con frecuencia el profesional se enfrenta, dentro de la comunicación médico-paciente, al reto de contrarrestar mitos preconcebidos asociados a productos que no proporcionan beneficios clínicos reales, cuya única fortaleza está precisamente en su presencia en las redes sociales o que incluso, en el peor de los casos, pueden actuar en detrimento de la salud de la paciente.
Conviene recordar, además, que no todas las mujeres necesitan tratamiento durante la menopausia. Recordemos por ejemplo que, con datos experimentales, casi el 20% de las mujeres hace su transición a la menopausia de manera asintomática2. Una proporción importante atraviesa esta etapa con síntomas leves que pueden manejarse adecuadamente mediante hábitos saludables, ejercicio regular, una alimentación equilibrada y seguimiento médico periódico.
En otros casos, determinadas pacientes pueden beneficiarse de intervenciones específicas, incluyendo terapias hormonales u otros tratamientos respaldados por una gran cantidad de evidencia científica del más alto nivel. Siempre bajo supervisión médica y tras una valoración individualizada, estas intervenciones pueden mejorar de forma significativa la calidad de vida y prevenir complicaciones bien descritas asociadas a esta etapa de la vida3.
La cuestión central, por tanto, no es oponerse de forma indiscriminada a todo lo que aparece en el mercado, sino reivindicar el criterio clínico como elemento central en la toma de decisiones. La evaluación del perfil de cada paciente, la intensidad de los síntomas, los factores de riesgo individuales y las expectativas de la mujer siguen siendo la base de cualquier intervención responsable.
La menopausia no necesita soluciones universales ni fórmulas milagro; necesita evaluación clínica, conocimiento científico y decisiones individualizadas y compartidas con cada mujer.
En estas condiciones, el ginecólogo y el médico de atención primaria desempeñan un papel fundamental. Ambos profesionales constituyen la referencia sanitaria para millones de mujeres que buscan orientación durante esta transición fisiológica. Disponer de información rigurosa, comprender el grado real de evidencia de las distintas intervenciones y dotar al profesional de argumentos sólidos para mantener una comunicación clara con la paciente, permite contrarrestar muchos de los mensajes simplificados que circulan en el entorno digital y comercial.
Bienvenida sea la creciente visibilidad de la menopausia y los cambios cualitativos incluso regulatorios recién acontecidos por las autoridades sanitarias4; pero debe interpretarse como una oportunidad para mejorar la información y la atención sanitaria integral dirigida a las mujeres en esta etapa de la vida. Para que esa oportunidad no se vea desplazada por narrativas comerciales simplificadas, es imprescindible reforzar el papel del conocimiento médico y de la educación sanitaria que facilite la formación continua de los médicos durante toda su vida profesional.
Porque, en un entorno donde las soluciones rápidas y los productos “milagro” se multiplican, la sólida evidencia científica, el criterio clínico y la relación médico-paciente siguen siendo las herramientas más eficaces para acompañar a la mujer durante la menopausia de forma segura, informada y respetuosa con su salud.
Y conviene recordarlo también desde una perspectiva más amplia.
En la transición a la menopausia, como en cualquier otra época de la vida de la mujer y en cualquier ámbito de la medicina, el verdadero avance no está en multiplicar productos, sino en mejorar el conocimiento que guía su utilización prudente y mejor atinada.
Ginecólogo.
Maestro Latinoamericano en Endocrinología Ginecológica.
Presidente de SIBOMM (Sociedad Iberoamericana en Osteología y Metabolismo Mineral).
Director de Gestión Académica.
Fundación para el Progreso de la Educación y la Salud, FPES.
BIBLIOGRAFÍA:
- Grand View Research. Menopause Market Size, Share & Trends Analysis Report, 2024–2030. Disponible en https://www.grandviewresearch.com/industry-analysis/menopause-market Último acceso, el 05.03.2026.
- Ferrer J, Neyro JL, Estevez A. Identification of risk factors for prevention and early diagnosis of a-symptomatic post-menopausal women. 2005 Nov 15;52. Suppl 1:S7-22. doi: 10.1016/j.maturitas.2005.06.017. Epub 2005 Aug 31. PMID: 16139445.
- Neyro JL, Contreras NY, Espitia FJ, Palacios S, Félix C. Riesgo cardiovascular y climaterio; tiempo para el reanálisis en una revisión narrativa. Gac Med Bilbao. Vol. 122, Núm. 4 (2025).
- Disponible en https://www.fda.gov/news-events/press-announcements/hhs-advances-womens-health-removes-misleading-fda-warnings-hormone-replacement-therapy Último acceso el 05.03.2026.

